DE VUELTA

Prohibieron las elecciones
Y la esperanza popular
Y prohibieron la conciencia
Al prohibirnos el pensar

Rubén Blades

 

Venezuela, ahora o nunca. Tras más de dos meses de manifestaciones, en la que destrucción, represión, saqueo y muerte han estado a la orden del día (o a la orden de los militares y delincuentes, que en Venezuela son un poco de lo mismo), los avances para acabar con un régimen oprobioso han sido escasos; ellos, en cambio, han “aprovechado la distracción” para avanzar en sus fines, los de acabar con la democracia creando una Constitución a medida.

No hay respuesta mágica o solución fácil para resolver el acertijo de cómo se termina con una dictadura cuando no se tienen armas para enfrentarla. La manipulación es tal que, entre los pocos adeptos que le quedan, los argumentos para defender su postura son tan ciegos como en otrora, llenos de resentimiento y con nula visión de futuro.

Del otro lado están los que adversan y piensan que defender la calle es lo único que queda. Y si cuesta la vida, ¿qué más da?, es tan incierto pensar en un futuro óptimo en medio de semejante desorden, pues no tiene sentido que un pueblo avance cuando lo reprimen por pensar distinto, por desear un país decente.

 

 

Mucho odio. Enterarse cada semana de un ataque terrorista, digno de cobardes mercenarios sobre gente inocente cuyo único pecado es tener un modo de vida distinto, ya parece ser algo de costumbre. Nos duele un poco, como quitarse una bandita de la piel, pero seguimos rápidamente, dando a entender que lo inusual, lo que antes nos extrañaba, ahora nos es familiar y que debemos habituarnos.

Esa indolencia y falta de tacto le da la victoria a quienes agravian y les da pie a los intolerantes de alimentar ese odio que de lado y lado nos trae consecuencias tan lamentables como las explosiones en salas de conciertos, los coches bomba en las calles o el modus operandi de moda: tomar un auto y atropellar multitudes.

Algunos creen que controlar en exceso o cerrar las puertas de los países -como si estuviéramos en el Medioevo-, es una solución plausible, sin embargo, el que te quiere robar encontrará las maneras, así tengas un rifle debajo de la almohada. El cambio debe propiciarse desde el origen, no a control remoto y mucho menos arremetiendo en su casa al que luego -por “lógica” venganza-, vendrá a atacar la tuya.

 

Orgullo Vinotinto. En medio de tantas malas noticias, el logro más grande del fútbol venezolano está pasando y refresca como un bálsamo. El caso de nuestro balompié no se corresponde a semejante hazaña, pero, como decía -no textualmente- el precursor de todo esto, el gran Richard Páez, nuestro fútbol empezó la casa por el techo.

Las semifinales de un Mundial aún en categoría juvenil, representan un hito para cualquier país y más para uno que no tiene tradición, éxitos o estructuras normales de una nación futbolera. Independientemente del resultado final, estos jugadores tendrán las puertas abiertas para triunfar y representan la mejor apuesta para finalmente llegar al Mundial de mayores. Honor a su estampa y gracias por el respiro en medio de las vicisitudes.

 

La Venezuela posible representada en su fútbol

 

De regreso. Sirva la presente para volver, para reencontrarse, para expulsar demonios y retomar el camino perdido. A Dios Gracias. Hasta la próxima (que prometo será pronto).

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