SIN NADA

«No lo dejes morir, porque un cielo como este,

una tierra como esta, jamás nos la regalaran…»

Franco de Vita

 

Sin sentido. La Consulta Popular convocada en días pasados por la Oposición Venezolana fue apoteósica, un reclamo sin precedentes (y también sin obligación jurídica) que demostró el gran rechazo hacia la Constituyente ilegal del (des)Gobierno de Maduro. Sin embargo, la decisión firme de todos los que votamos no fue entendida en su totalidad por sus propios padres (la MUD).

Su respuesta sigue siendo blandengue y ‘cómoda’, poco tangible y a la espera de una inexistente consciencia de la FANB o de una Comunidad Internacional que está a su favor, pero cuyas palabras son intrascendentes. A estas alturas la banda criminal del PSUV y los narcomilitares nos impondrán una Constituyente que nadie pidió, pero que representa un cheque en blanco para que sigan arruinando el país. Lamentable.

 

El rechazo de Venezuela ante una nueva Constitución.

Sin tiempo. El reloj corre, las alternativas son cada vez menores y las estrategias repetitivas, por tanto, el crimen se consumará y la condena del Comunismo en Venezuela es casi inminente. Son muchos días de lucha, demasiados daños físicos y materiales, y el régimen sigue fuerte, a diferencia de lo que muchos optimistas creen.

La respuesta ya no puede ser poner la otra mejilla. Ya basta de querer ser legal y correcto ante quien te pisa, te humilla y además se burla de ello. Los movimientos de resistencia que están sobrepasando a los partidos de oposición merecen recibir los ‘mecanismos’ para enfrentar a los forajidos del régimen en igualdad de condiciones, aunque esto suene bárbaro. Desafortunadamente, hemos llegado a esos límites.

 

 

Sin esperanzas. La eventual imposición de una Asamblea Nacional Constituyente, compuesta por adeptos a Maduro (aliados fuertes) y por personas de escasa preparación (focas que asienten y aplauden a todo lo que se les diga), representa la consecución de la ruina, una larga condena para un país que ya lleva quinquenios de atraso y que verá prolongar la miseria que ya está viviendo.

Los que allí siguen son sobrevivientes y muchos de ellos están haciendo de todo para escapar de un destino aterrador. Los que afuera estamos, vivimos con la incertidumbre de saber qué pasará con los nuestros y cuándo podremos volver, al menos de visita, y encontrar un país medianamente decente. La realidad es poco alentadora.

 

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